La epistemología tecnocrática y colonial crean condiciones para que los recortes en conservación parezcan dediciones racionales.
Una práctica sostenible funcional debe proteger ambiente, sociedad y economía: sustentabilidad, equidad y transparencia. Siendo esta la definición de sostenibilidad, también está ligada a quién dirige el país debido a que ninguna práctica ambiental se sostiene sin economía estable y contexto social que la apoye. Y no solo bajo el calor del momento, debe poder traspasar el paso del tiempo. Necesita una economía estable porque requiere monitoreo, fiscalización, restauración, educación, infraestructura… todo cuesta. Ante la incertidumbre de una economía inestable, los fondos de conservación suelen ser los primeros afectados. Pero también requieren participación social, y la desigualdad decide quién puede participar de la conservación y quién queda excluido. Las prácticas se vuelven vulnerables sin una sociedad que comprenda su valor y su derecho a los recursos. La desigualdad social se manifiesta de manera tangible en los conflictos ambientales contemporáneos. Las comunidades con menor poder político y económico suelen tener menos capacidad para influir en las decisiones sobre el uso de los recursos naturales y el desarrollo territorial. Por el contrario, inversionistas y sectores con mayores recursos pueden ejercer una influencia desproporcionada sobre proyectos de construcción y desarrollo costero. Como resultado, los beneficios económicos de estos proyectos se concentran en unos pocos sectores, mientras que los costos ambientales y sociales recaen sobre las comunidades locales. Esto puede traducirse en el aumento del valor de las propiedades y el desplazamiento de residentes, la pérdida de acceso público a playas y áreas naturales, así como la degradación de ecosistemas de alto valor ecológico. Los debates recientes en torno a proyectos como Esencia en Cabo Rojo, las construcciones en La Parguera y el paseo lineal en Rincón ilustran cómo la desigualdad puede convertirse en un problema ambiental, evidenciando que la protección de los recursos naturales está estrechamente vinculada con la justicia social y la participación comunitaria.
En organizaciones como NRCS el recorte de presupuesto en Estados Unidos ha sido un poco más del 50%, mientras que en Puerto Rico esto se traduce en menos técnicos especializados en el área, posibles retrasos en contratos y trámites y mayor competencia por fondos federales para la conservación. Se afectaron áreas como Calidad de Aire, Condición de Plantas degradables, Uso eficiente de energías, Manejo de Contaminantes, Sedimento en el Campo, Pérdida de Nutrientes y Patógenos, Hábitats Acuáticos y Terrestres, Erosión Concentrada, Resiliencia al Clima y Erosión de Agua y Viento. Los recortes de presupuesto en conservación ambiental debilitan las instituciones encargadas.
La Sección 19 del Artículo VI de la Constitución de Puerto Rico establece como obligación del Estado proteger los recursos naturales y promover el bienestar general. Desde esta perspectiva, el ser humano se convierte en el recurso natural más importante, no por su fragilidad, sino por su capacidad de transformar el ambiente, sostener la economía y el tejido social. Por ello, los recortes de presupuesto a las instituciones públicas —especialmente a las universidades— afectan directamente la conservación ambiental. Las instituciones forman a los técnicos, educadores y científicos que sostienen la conservación. Los recortes presupuestarios a la educación superior a la misma vez afectan la capacidad de resiliencia del país. En un planeta y sociedad cambiante, la ciencia debe innovar: sin investigaciones vanguardistas, nos estancamos. Sin personas educadas no existe una economía estable, un contexto social sólido, ni la capacidad técnica e institucional necesaria para implementar prácticas sostenibles. La protección del ambiente, por tanto, depende de la inversión en el desarrollo humano tanto como de la inversión en los ecosistemas.
La epistemología tecnocrática en Estados Unidos y la epistemología colonial en Puerto Rico crean las condiciones para que los recortes en conservación parezcan decisiones racionales dentro de sus propios marcos ideológicos. Desde la tecnocracia, la conservación se percibe como un gasto que no produce beneficios económicos inmediatos; desde la colonialidad, se considera una prioridad secundaria frente a la austeridad impuesta y la dependencia estructural. En ambos casos, la forma en que se define el conocimiento válido y las prioridades públicas facilita que la conservación sea una de las primeras áreas en ser recortadas. ¿Por qué importa la ideología en la conservación? La conservación no existe en un vacío, depende de las condiciones sociales, económicas, políticas y culturales que la hacen posible. Las prácticas de conservación están atravesadas por ideologías, instituciones, desigualdades y conflictos territoriales; por lo tanto, no pueden entenderse únicamente desde lo técnico o ecológico, sino como parte de un entramado social más amplio que determina qué se conserva, cómo se conserva y para quién se conserva. Aquí entran los liberales vs. conservadores: crecimiento económico y propiedad privada vs. programas públicos y ciencia climática. Para el conservadurismo los elementos naturales presentan un valor cuantificable y monetario. Esto permite el desarrollo económico a costa del recurso natural y social: mientras tengas el capital para comprar tu alma, es tuya. Para el liberalismo la misión es proteger al máximo el recurso natural e igualdad social. Con un mal manejo, puede verse afectado el desarrollo económico de los pueblos más vulnerables, dejando las islas con precios impagables y resignados al turismo natural como fuente de economía trayendo problemas de regulación de espacios como playas y construcciones. La equidad no entra en la comodidad de todos.
¿Qué podemos hacer? Hasta el momento es esencial no caer en crisis colectiva pues somos nosotros los que creamos las comunidades; no hay economía ni ambiente sin sociedad. Localicen su centro de recogida de latas más cercano, remuneran algunas cantidades de dinero y ayudas al medio ambiente. Planten comestibles y flores que atraigan la polinización, ya sea en terreno o cestos, pero planten algo. Mientras sea posible, sigan el ciclo del agua y recolecten de manera segura, utilicemos sabiamente los recursos naturales de nuestro alrededor. Dialoguen con sus vecinos, con sus pares con empatía y la mente abierta. La carga es menos en grupo. Mientras más facilidades tengamos para estudiar, estaremos mejor. Maestros: Existe un currículum escolar que nunca termina, dense el tiempo de enseñar a los estudiantes lo que algunos dicen “no es esencial” como la paz, empatía, ODS y humanidad. Enseñan con el ejemplo y la palabra. ¿Para qué quejarnos si caeremos en el mismo ciclo? Abracemos la política pública y hagámonos parte de los procesos gubernamentales para que las decisiones de millones no recaigan en un par de manos. Luchemos y demos el ejemplo para los que llegarán vengan preparados. Queda en cada puertorriqueño la tarea de mejorar su pedacito de tierra para un bienestar colectivo y, tal vez, algún día: la sostenibilidad.
FIN
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